Colaboraciones

Febrero. El principio del fin

Febrero. El principio del fin

Hijos del viento son llamados por algunos, un apelativo muy acertado pero que por desgracia es la ultima losa de una condena centenaria.

Una tradición arcaica y brutal los obliga a ser veloces o morir en el intento, el ultimo paga los platos rotos.

Refugiados de una guerra sin nombre.

Año tras año, su abandono es masivo. Coincidiendo con la finalización de la temporada de caza con galgo, los refugios incluso tienen que cerrar sus puertas al no poder atender esta marea infinita. Y es en estos momentos cuando el axioma del mal menor adquiere su máxima expresión. Y desde una visión antropomórfica es los más parecido a un campamento de refugiados al que no paran de llegar refugiados heridos, mutilados y traumatizados. No exagero, es una realidad.

Los refugios carecen de medios suficientes a lo largo de todo el año y más aún en estos duros meses. Comentar y maldecir en las redes sociales está muy bien, pero colaborar de primera mano es aún mejor. Si tienes algún refugio cerca, no lo dudes y hazte voluntario, pues hay pocos momentos tan gratificantes en este mundo como el contacto de una tímida trufa en tu mano, tras semanas de trabajo para ganarte la confianza de un galgo traumatizado.

Esa pequeña señal afiliativa que puede parecer poco importante, pero que para muchos de ellos es un titánico paso para su rehabilitación. Donde una caricia a destiempo puede servirnos para autoconfirmarnos que queremos ayudar, pero que a veces puede tener un filo de cristal.

Virtud sin condena.

Entender su miedo, es entender su historia.

Una cría sistemática y masiva donde premia más la cantidad a la calidad y donde factores como socialización e impronta son obviados en la búsqueda de individuos con una fuerte impulsividad y predacion. Una práctica que objetualiza por completo a esta raza y donde sus mejores cualidades son desaprovechadas por completo en vistas de alcanzar un mayor status social o económico en la competición.

Son conocidos como velocistas de elite, pero esa sin embargo es la cualidad que menos les hace justicia una vez conoces a esta mágica raza. Es fácil quedarse hipnotizado cuando los vemos correr en el parque, el tiempo parece ralentizarse para intentar alcanzar la estela que estos magníficos animales dejan tras de sí. Pero los que compartimos vida con ellos, disfrutamos de sus hazañas como ladrones de guante blanco o estoicos guardianes de la esquina en el sofá. Ese sutil amigo que siempre sabe hacerse notar cuando más lo necesitas

Por suerte para ellos, la visión general sobre esta raza comienza a cambiar y es fácil encontrar algunos adoptados felizmente o incluso como perros de terapia. Donde su valor como individuos en la sociedad adquiera una connotación diferente, donde sus cualidades sociales como animal de compañía sean la llave del cambio.

Un cambio necesario, justo y empático donde finalmente estos hijos del viento puedan ser tratados como tales y para los que su virtud deje de ser su condena.

 

Alberto Piña Rivero es actualmente responsable del departamento de comportamiento en Fundacion Benjamin Mehnert y coordinador del grupo de rescate en Fundacion Benjamin Mhenert.

Para más información sobre la Fundación Benjamin Mehnert.

 

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