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No se traiciona a un amigo

No se traiciona a un amigo

Ojalá nunca hubiera tenido que escribir acerca de esto, pero más en estas fechas, se me hace completamente necesario.

Esta mañana paseando a mis perras me paré con una señora extranjera. Su perrita Diva (así se llama), tenía las dos patas delanteras amputadas y las dos de atrás rotas por un accidente. Es una perra adoptada, y esa señora cada día la saca tres veces a la calle con su carrito, la deja en el césped. A pesar de lo que ese animal tiene encima, es una perra feliz. Ha jugado con mis perras y nos ha emocionado a todos los que estábamos allí. Diva me ha inspirado para escribir hoy.

Para mí, no hay cosa peor que traicionar a quien te ha entregado su vida, quien ha puesto su vida en tus manos y cada día suspira por estar contigo y compartir el maravilloso camino de la vida con sus cosas buenas y malas. No se traiciona a un amigo.

Pues bien, amigos, esos son nuestros perros, ellos no tienen nada material pero nos entregan lo único que poseen: su corazón. Desde el primer momento que sus ojos se cruzan con los nuestros, hasta que los suyos se cierran para siempre, nos lo dan todo y están con nosotros en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, buenos y malos.

Yo me pregunto ¿Qué puede pasar por la cabeza de alguien para abandonar a un amigo tan fiel y tan leal a su suerte?. Mi conclusión es que no es cuestión de tener algo en la cabeza cuando se comete esta acción, es una cuestión de no tener nada en el corazón. Alguien que comete semejante acto de barbarie, no puede tener ni alma ni corazón.

Estamos ante una lacra en este país, una lacra que las autoridades y la justicia no combaten con suficiente fuerza aunque algo esté cambiando. Abandonar a un animal a su suerte es mucho más que esa simple acción, es ningunear a un ser que incluso después de ser abandonado, suspira y espera que su “amigo” vuelva para recogerlo y juntos seguir ese camino que un día iniciaron y que debía ser para toda la vida. La imagen de un perro abandonado es una de las imágenes más desgarradoras, crueles, infames y desilusionantes que uno pueda contemplar. Es la definición perfecta de la palabra traición, es el no poder caer más bajo, el no poder ser peor persona, es simplemente, ser un ser despreciable.

Y yo al que abandona le pregunto: ¿No se te parte el corazón al hacerlo?, ¿No te estremecen sus llantos cuando él nota que te vas para siempre?, ¿Puedes conducir y alejarte de él después de dejarlo amarrado, y que no se te llenen los ojos de lágrimas por hacerlo?, ¿Podrás vivir tranquilo el resto de tu vida sin saber que ha sido de él?, ¿Lo recordarás?, ¿Qué le dices a tus hijos si te preguntan por él?… son tantas y tantas cosas que se me ocurren, que estaría horas preguntándole.

Una persona a la que yo aprecio mucho, le dijo a alguien una vez una frase que define perfectamente lo que es una mala persona: “Tienes tan poco por dentro, que se te nota por fuera”. Pues eso le diría yo a todo aquel que cometiese una atrocidad así. Qué pena de vida, que pena de gente así, porque para hacer eso no se pueden ni se podrán tener nunca buenos sentimientos. Cuando uno acepta la responsabilidad de tener un perro es un compromiso de por vida. Pase lo que pase, y sean las circunstancias que sean, aquí no valen excusas. Se trata de una vida que además es mucho más pura que la nuestra.

Solo espero que si alguien tiene en su mente abandonar a su amigo se tropiece con este artículo. Lo lea y ojalá que le sirva o bien para desistir y darse cuenta de que ese no es el camino, o bien para que después de cometer ese acto no vuelva a conciliar el sueño y se despierte cada mañana con un sentimiento de culpa que lo persiga el resto de sus días. No se traiciona a un amigo.

Así que solo hay que recordar una frase muy común, pero que es muy verdadera: 

“No lo abandones, él nunca lo haría”.

Me gustaría terminar este artículo con una cita de uno de nuestros ilustres que me encanta, y que define lo que alguien destroza cuando abandona a su perro:

Respecto a los perros: nadie que no haya convivido con uno de ellos conocerá nunca, a fondo, hasta donde llegan las palabras generosidad, compañía y lealtad. –  Arturo Pérez-Reverte

Jose Luis Abad Gambero es educador y adiestrador canino. Desde el 2015 lleva realizando intervenciones en conductas indeseadas (agresividad, miedo, estrés, ansidedad). Formado en Educan y con formación complementaria en programas de reducción de estrés canino por Gedva .
Podéis contactar con él en su mail o en su facebook.

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